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La piel de las horas | Raquel Martín de Almagro






LA PIEL DE LAS HORAS




La ciudad que recuerdas

ya no existe.

Existe la tarde vacía

en una ciudad recobrada

y ajena al contacto de otras pieles,

asfixiada en su calor

febril y lento,

el desvío de la mirada

hacia el lado que desea,

la caricia en el espejo

atravesando la memoria

desde la ciudad que dejaste.




Partir

siempre es un vértigo

de posibilidades.

El silencio

que acalla el ruido,

la gota

sobre la nervadura

de una hoja verde,

la espera

frente al espejo

donde se refleja un solo rostro.




Aunque te mintiera,

hoy celebro contigo

y atisbo la dicha punzante de la memoria.

El pasado asoma tras la puerta

como un invitado sorpresa

a la hora de la cena.



Tan solo miro lo blanco

como quien mira al mar

en una tarde de agosto

Quizás me recojas un día

entre lo blanco que me abruma

y despierte

a una oscura y densa nocturnidad

de piel centelleante.




Vives

al otro lado del mundo.

Cuelgas

de mi cuerpo a escala

la rosa de los vientos.

Desde donde te hallas

trazo a pulso una línea

para encontrarnos

en la mitad del océano.

A medio camino

del silencio que todo lo explica.





El peso de cada sonido

divide y multiplica las llamas.

Paladeo ritmo, pausas,

Letras escondidas,

el ritual de poner acentos.

Las palabras llevan marcas,

reúnen la savia de todos los árboles,

disuelven la tormenta.





El tiempo tendido en el horizonte

pasa de largo.

Sólo la línea infinita,

la luz bañando esa silla vacía.

Siempre es de noche y presente

en el lugar donde reside tu nombre.





Llueve luz.

Imagino la simetría de la tarde

reflejada en el agua del río.

Trescientos minutos,

nuestro propio inventario

de pequeñas dosis nocturnas.





Abrazo todas las voces

todos los cuerpos

todas las almas

nada pido a cambio.

Ahora quiero ser

escarcha que no deja evidencia,

rastro de animal sediento,

pulso de lluvia olvidado.





Respiro una luz nueva,

deseo ser un instante eterno bajo los párpados,

la hoja mecida en la sombra,

la tierra húmeda,

el viaje hacia ningún lado que me adormece.




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Raquel Martín de Almagro nació en Puertollano (Ciudad Real) y a los quince años se trasladó a vivir a Venezuela con sus padres, donde residió durante diecisiete años. Allí realizó estudios universitarios de Publicidad y Marketing; también en Museografía y Mitología Clásica por la Universidad Experimental del Táchira. Museógrafa en el Museo de Artes Visuales de San Cristóbal (Táchira). Relaciones públicas y coordinadora de distribución para la Biblioteca de Temas y Autores Tachirenses (editorial etnográfica y cultural). Fundadora de la editorial independiente “Nadie nos edita” encargada de proyectos como el periódico Sujeto Almado y el programa de radio literario “Después de misa”. Creadora de la Asociación Educar para Ser. Organizadora durante seis años consecutivos de las “Jornadas Educar para ser” (www.educarparaser.es). Actualmente su poesía comparte espacio con el collage, la ilustración digital, cianotipia, acuarela y ensamblaje.

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